miércoles, 5 de junio de 2013

Relato de un sábado por la noche




En la entrada del boliche, que costaba alrededor de $70, seguridad se encargaba de revisar carteras y bolsillos. “¿Que tenes aca?” le preguntaron al de adelante, “un porro, nada mas” respondio nervioso. Ante la evidente mentira, el “patova” le retrucó “que es esto? Son 4 pastillas? Sacate todo de los bolsillos”. El pibe, desesperado por la situación, se quejó con el encargado del lugar, que casualmente charlaba con alguien apoyado contra una cercana pared. Para mi sorpresa, todo se resolvió rápidamente, el chico recupero sus drogas, y la fila siguió avanzando sin interrupciones, mientras el encargado le susurraba al oído a su empleado: “les dije que no se queden con nada”.

Bajando las escaleras que conducían al oscuro sótano desde donde provenía la música, llegue a la fiesta. Las fiestas electrónicas o tradicionalmente las “rave parties”, son un fenómeno popular que surgió aproximadamente en la década del 80 en Inglaterra y Estados Unidos. Y si bien no gozaban de tanta popularidad en aquel entonces, el consumo de “drogas de diseño” durante estas fiestas ya merecía la atencion de las autoridades. En la última década, en Argentina, se ha registrado un aumento sustancial de la popularidad de estas fiestas, como asi también del consumo de este tipo de drogas. Las más populares son el extasis y los cristales, pero si se tienen en cuenta las drogas en circulación, comprende una gran mayoría, que va desde el alcohol hasta inhalantes como la cocaína y la ketamina  y alucinógenos como el LSD. Un estudio de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR), concluyo en el período comprendido entre 2001 y 2011 el consumo de extasis aumento en un 1000%. Si bien el consumo no alcanza los niveles comprendidos por otras drogas como al cocaína o el paco, su aumento resulta preocupante. 

Dentro del oscuro sótano se podían reconocer siluetas agrupadas bailando frente a la débil luz que disparaba la cabina del DJ. Algun grito proveniente de la oscuridad pregunto: “alguien vende “rolas”?”. Asi fue como conocí a Facundo “el vendedor”. Un chico de 25 años de clase social media-alta que, medio a escondidas, por $75 te vendia una píldora de éxtasis. En dos horas Facundo me confesó que vendió aproximadamente 73 pastillas de extasis. Facundo era un chico normal, un estudiante de Comunicación Social de la UCES, que dado su fanatismo por la musica electronica aprovecho una buena oportunidad para hacerse de unos pesos demás.

Si bien, las fiestas electrónicas varian con respecto al estilo de música y la variedad de DJ’s que hacen su performance, el nivel de extasis consumido, junto con otras drogas, se refleja en la intensa y despreocupada alegría de las personas. “El éxtasis es una droga psicoactiva de origen sintético con propiedades estimulantes y que se particulariza por sus efectos empatógenos, relativos a una sensación subjetiva de apertura emocional e identificación afectiva con el otro”. Dentro de cada grupo se podía sentir el clima de emoción, euforia y felicidad. Desconocidos charlaban y bailaban con desconocidos. Las parejas expresaban su amor publicamente mediante palabras y gestos afectivos.

Facundo y su pareja no se quedaron atrás. Besos, abrazos, y una botella de agua en la mano. Tristemente, mucha gente que asiste a este tipo de fiestas lo hace con el propósito de drogarse, y si bien existe una minoría que realmente disfruta específicamente de este tipo de género musical, se reduce a un pequeño número de personas. Distinto de lo que vi en Facundo, fue incontable la innumerable cantidad de personas que se encontraban abriendo champagnes o tomando tragos con vodka. Es de publico conocimiento que el consumo de drogas provoca consecuencias negativas, pero que el consumo irresponsable de las mismas, y, especialmente la mezcla de diferentes tipos de drogas, como el extasis y el alcohol produce resultados, en algunos casos fatales. Sin embargo, esto que parece tan obvio, resulta una constante. Es inminente fomentar el consumo responsable de este tipo de drogas.

Rondando las 7 de la mañana, las siluetas se reducian a unas 40 personas, bailando con anteojos puestos. En un viaje al baño, donde las mujeres iban a rellenar las aguas, conocí a Julieta y a su novio. Cuando sali del baño, Julieta me preguntó: ¿Querés un “pase”?. Finalmente la música se apagó, pero la noche no parecía haber satisfecho a todos, la fiesta no había terminado.

Por Ariana Seferiades.

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